Camino descalzo sobre brasas humeantes,
determinante pasaje hacía el infinito.
Largas zancadas para llegar cuanto antes.
Paisajes lacerantes de un día primaveral.
Afilados obstáculos extinguidos.
Rememoraciones crueles de un pasado saldado.
Fragmentos solidificados de la tormenta avivada.
El día está al llegar. Hay que perder el miedo.
La oscuridad, presa fácil para los sentidos,
desaparece tercamente ante la fuerza vital de la luz
que descubre los harapos mezclados con sudor.
El sueño, destronado por la reforzada vigilia,
pierde el sentido que mantuvo por momentos,
regresando, indisoluble, a la realidad inexorable.
jueves, 21 de mayo de 2009
sábado, 9 de mayo de 2009
¿Cómo explicar el sabor de la mahonesa?
Un nuevo color ilumina tu blanca mano.
A día de hoy no se ha extinguido, es completamente nítido.
¿Cómo definir un color? ¿Cómo explicar el sabor de la mahonesa?
Colores, sabores e interrogantes durante algunas horas.
Aparente fortaleza, pequeños y grandes miedos.
Hay que saber, no obstante, leer la tristeza,
máxime teniendo un color distinto en la mano.
Hay que saber ensanchar los límites, investigando,
riendo por el camino y, claro, también llorando.
Pensando que queda mucho por recorrer
y luchando por ello. Por una gran verdad que es amor.
Y ese amor, al igual que el nuevo color, lo ilumina todo.
No dejes que se extinga.
A día de hoy no se ha extinguido, es completamente nítido.
¿Cómo definir un color? ¿Cómo explicar el sabor de la mahonesa?
Colores, sabores e interrogantes durante algunas horas.
Aparente fortaleza, pequeños y grandes miedos.
Hay que saber, no obstante, leer la tristeza,
máxime teniendo un color distinto en la mano.
Hay que saber ensanchar los límites, investigando,
riendo por el camino y, claro, también llorando.
Pensando que queda mucho por recorrer
y luchando por ello. Por una gran verdad que es amor.
Y ese amor, al igual que el nuevo color, lo ilumina todo.
No dejes que se extinga.
sábado, 25 de abril de 2009
PASIÓN PRIMAVERAL
Atravieso con ansia la calle que me separa de la realidad virtual.
Al pararme, brevemente, junto a un escaparate,
escucho justo encima un alboroto inusual,
varias ramas de un platanero se agitan incesantemente.
Alzo la vista y una pareja de palomas, sin remilgo alguno,
retoza consecuentemente a las reglas primaverales.
Piquitos de amor, apropiación de la pareja, penetración desaforada.
Procedimientos pasionales de la primavera convertidos en paz y libertad.
El día, avanzado, calienta más de la cuenta para estas fechas.
Disfruto de su azote obstinado al tiempo que traspaso la calle,
arteria familiar apoderada de compases amatorios febriles.
Mientras sucede fluye en mi la necesidad de escribir.
Un ruido, proveniente del cierre de la puerta de una furgoneta,
me recuerda el chillido de una gaviota volando hacía el puerto.
Estoy en tierra dentro y con inmediatez regreso a la realidad.
Despiadadas distracciones carentes de objetividad.
Todo ocurre de manera cotidiana, con afianzada normalidad.
Voy excesivamente abrigado, he calculado indebidamente mi vestuario.
Repentinamente, la muchedumbre ha mudado su indumentaria.
Llego a mi destino. Pido café sólo. Me acomodo en un asiento.
Música conocida inunda el local. Jazz clásico para combatir la soledad.
Conecto mi ordenador. Reviso el correo. Contesto los más urgentes.
Algunos clientes gritan más de la cuenta. Pasa el tiempo.
Regreso a la misma calle perdiéndome en la irracionalidad solitaria y fugaz.
Al pararme, brevemente, junto a un escaparate,
escucho justo encima un alboroto inusual,
varias ramas de un platanero se agitan incesantemente.
Alzo la vista y una pareja de palomas, sin remilgo alguno,
retoza consecuentemente a las reglas primaverales.
Piquitos de amor, apropiación de la pareja, penetración desaforada.
Procedimientos pasionales de la primavera convertidos en paz y libertad.
El día, avanzado, calienta más de la cuenta para estas fechas.
Disfruto de su azote obstinado al tiempo que traspaso la calle,
arteria familiar apoderada de compases amatorios febriles.
Mientras sucede fluye en mi la necesidad de escribir.
Un ruido, proveniente del cierre de la puerta de una furgoneta,
me recuerda el chillido de una gaviota volando hacía el puerto.
Estoy en tierra dentro y con inmediatez regreso a la realidad.
Despiadadas distracciones carentes de objetividad.
Todo ocurre de manera cotidiana, con afianzada normalidad.
Voy excesivamente abrigado, he calculado indebidamente mi vestuario.
Repentinamente, la muchedumbre ha mudado su indumentaria.
Llego a mi destino. Pido café sólo. Me acomodo en un asiento.
Música conocida inunda el local. Jazz clásico para combatir la soledad.
Conecto mi ordenador. Reviso el correo. Contesto los más urgentes.
Algunos clientes gritan más de la cuenta. Pasa el tiempo.
Regreso a la misma calle perdiéndome en la irracionalidad solitaria y fugaz.
lunes, 30 de marzo de 2009
LA PRIMAVERA
El inflexible crepúsculo anuncia, irreverente, la primavera recién inaugurada.
Tonalidades pálidas en el horizonte. Golpes azuzados de un mar monopolizador.
Un pescador ajusta su puesto cercano a la espuma disipada de las olas.
Los peces por capturar desconocen el renacimiento de la nueva estación.
Simplemente, se desplazan inexpertos de los oficios humanos.
Los retoños de las ramas de los árboles retornan tupidos.
Desde arriba, desde mi vigilia perspicaz, todo sigue su curso.
El curso natural de los ciclos, de la lucha por la vida, de vencer al adversario.
De perseguir nuevas emociones, embarcarte en nuevos proyectos… vivir.
La primavera enciende las pasiones, desata emociones, sensaciones perdidas, disipadas.
Atormenta nuevas ilusiones y secunda desaforados ardores.
El mar, conocedor de cambios esenciales, favorece el estruendo necesario.
Todo está cambiando y necesitamos hacer participes al resto del mundo
la eterna cantinela de la nueva estación que ha llegado para quedarse.
Tonalidades pálidas en el horizonte. Golpes azuzados de un mar monopolizador.
Un pescador ajusta su puesto cercano a la espuma disipada de las olas.
Los peces por capturar desconocen el renacimiento de la nueva estación.
Simplemente, se desplazan inexpertos de los oficios humanos.
Los retoños de las ramas de los árboles retornan tupidos.
Desde arriba, desde mi vigilia perspicaz, todo sigue su curso.
El curso natural de los ciclos, de la lucha por la vida, de vencer al adversario.
De perseguir nuevas emociones, embarcarte en nuevos proyectos… vivir.
La primavera enciende las pasiones, desata emociones, sensaciones perdidas, disipadas.
Atormenta nuevas ilusiones y secunda desaforados ardores.
El mar, conocedor de cambios esenciales, favorece el estruendo necesario.
Todo está cambiando y necesitamos hacer participes al resto del mundo
la eterna cantinela de la nueva estación que ha llegado para quedarse.
viernes, 20 de febrero de 2009
OTRA REALIDAD PASAJERA Y ACUCIANTE
La luna aparece en el vértice de la realidad.
Menguante, decadente, debilitada.
La luz resplandece a lo lejos desafiando su esencia.
La noche, irreversiblemente, se apodera de la ciudad.
Con ella llega el sosiego tan ansiado,
la tranquilidad transitoria, la nostalgia desgajada.
Apago la luz y miro su silueta, tan bella esta noche.
Un halo misterioso, y con tonalidad azul, envuelve su retiro.
Con el paso del tiempo sigue atajando caminos,
desvirtuando amaneceres por llegar,
atardeceres perecederos, fugaces y luminosos.
Esconderse es su destino a punto de alcanzarse.
Siempre está ocultándose y volviendo a aparecer,
desintegrando colores pasajeros y estancias voluminosas.
Tratando de adivinar una nueva reverberación
paso otra noche más, otra realidad pasajera y acuciante.
Menguante, decadente, debilitada.
La luz resplandece a lo lejos desafiando su esencia.
La noche, irreversiblemente, se apodera de la ciudad.
Con ella llega el sosiego tan ansiado,
la tranquilidad transitoria, la nostalgia desgajada.
Apago la luz y miro su silueta, tan bella esta noche.
Un halo misterioso, y con tonalidad azul, envuelve su retiro.
Con el paso del tiempo sigue atajando caminos,
desvirtuando amaneceres por llegar,
atardeceres perecederos, fugaces y luminosos.
Esconderse es su destino a punto de alcanzarse.
Siempre está ocultándose y volviendo a aparecer,
desintegrando colores pasajeros y estancias voluminosas.
Tratando de adivinar una nueva reverberación
paso otra noche más, otra realidad pasajera y acuciante.
viernes, 9 de enero de 2009
UN JUEVES CUALQUIERA
Repasas, con cierta nostalgia, etapas anteriores.
Ilusiones ya perdidas, sentimientos encontrados.
En la calle nieva con contundencia.
El suelo se va cuajando de profusos copos.
La vista recorre el paisaje de manera sutil.
Ya nada conserva la esencia elemental,
las esperas deseadas, los sueños compartidos.
Discurre la tarde bajo los efectos hipnóticos
del placer de ver nevar pensando en ella.
Ahora, los pesados copos caen lánguidamente.
El cielo reaparece con matices anaranjados.
Apáticamente te asomas, de nuevo, a la ventana,
intentando descubrir ausencias
en el paisaje nevado y solitario.
Es jueves. Un jueves cualquiera
en un lugar del invierno expectante y perezoso.
Repasas, con cierta nostalgia, etapas anteriores.
Ilusiones ya perdidas, sentimientos encontrados.
En la calle nieva con contundencia.
El suelo se va cuajando de profusos copos.
La vista recorre el paisaje de manera sutil.
Ya nada conserva la esencia elemental,
las esperas deseadas, los sueños compartidos.
Discurre la tarde bajo los efectos hipnóticos
del placer de ver nevar pensando en ella.
Ahora, los pesados copos caen lánguidamente.
El cielo reaparece con matices anaranjados.
Apáticamente te asomas, de nuevo, a la ventana,
intentando descubrir ausencias
en el paisaje nevado y solitario.
Es jueves. Un jueves cualquiera
en un lugar del invierno expectante y perezoso.
lunes, 5 de enero de 2009
INCIPIENTE MORATORIA
Espero, intransigente, el choque de la ola en la arena.
Ese instante que se produce con letal rapidez
me inspira, mirando fijamente un haz de luz
reflejado a cientos de metros en esa inmensidad.
Inmerecido, tímido y fugaz momento.
Manojos de luz chocando en oscilantes olas.
Resplandor a primeras horas de un día
que con el paso del tiempo,
a todas luces, será lluvioso.
Incipiente moratoria hacía un techado grisáceo.
Pero la jornada será de una incesante serenidad
que nada ni nadie podrá fragmentar.
Necesaria impavidez de soliloquios enfurecidos
a la espera de otra ola topando con la humedecida arena
y otro haz de luz que inspire mis sentidos.
---
Espero, intransigente, el choque de la ola en la arena.
Ese instante que se produce con letal rapidez
me inspira, mirando fijamente un haz de luz
reflejado a cientos de metros en esa inmensidad.
Inmerecido, tímido y fugaz momento.
Manojos de luz chocando en oscilantes olas.
Resplandor a primeras horas de un día
que con el paso del tiempo,
a todas luces, será lluvioso.
Incipiente moratoria hacía un techado grisáceo.
Pero la jornada será de una incesante serenidad
que nada ni nadie podrá fragmentar.
Necesaria impavidez de soliloquios enfurecidos
a la espera de otra ola topando con la humedecida arena
y otro haz de luz que inspire mis sentidos.
---
Suscribirse a:
Entradas (Atom)